En mis pelos mando yo

El vello corporal nos sale de forma natural, es parte de nuestro cuerpo. Sin embargo, a unas se les exige que se lo quiten -de determinadas zonas- mientras que a otros no. ¿Y qué diferencia a esas unas de esos otros? Una vocal. El género con el que se nos lee es el conjunto de expectativas y normas sociales exigidas a las personas según su sexo. Esta construcción social nos clasifica, de forma binarista y tránsfoba, en dos géneros: masculino y femenino. Al primero se le permite decidir sobre su vello corporal, al segundo no.

Si bien es cierto que en esta sociedad de la imagen, la imposición de cánones estéticos es universal, no afecta del mismo modo según el género, pues éste determina tu socialización y, por tanto, tu rol en el sistema patriarcal. De esta forma, a las leídas como mujeres, y de acuerdo con el género femenino, se nos impone un control estricto sobre nuestros cuerpos, que actúa en nombre de la “belleza”, pero que no es más que control en sí mismo y que, de forma casi socialmente indiscutible, se plasma en la obligatoriedad de la depilación en determinadas zonas corporales para las mujeres.

Cuando una mujer rompe la “depilación por imposición de género” y pretende decidir por sí misma qué hacer con su cuerpo, se ve sometida al escarnio público y enfrentarse a juicios sociales constantes, ser objeto de burla e incluso de discriminación. Sin embargo, esta imposición se sustenta en argumentos tan absurdos como los siguientes:

– “Los pelos son de chicos, así pareces un hombre”: las mujeres no nos injertamos el pelo, nos sale solo, como a los hombres. Sí, todos los seres humanos tenemos pelos, independientemente del género.

– “Depilarse es más higiénico, porque el pelo acumula más suciedad y olor”: según esta sentencia, toda la sociedad debería llevar la cabeza rapada al cero, porque es donde más pelo se suele tener. Además, esto no se aplica a los hombres cisgénero: ellos pueden depilarse si quieren, pero no están obligados a ello, a pesar de que también pueden oler.

Y ésa es la diferencia: poder elegir. Este mito de la “higiene” vuelve a demostrar que no es cuestión de higiene, de imagen, de belleza, de estética. Es cuestión de control. La depilación por imposición es otra forma de opresión hacia las mujeres, de represión de nuestra libertad y nuestros cuerpos.

¡Nadie manda sobre nuestros cuerpos! ¡Nada nos impone cómo mostrarnos!

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