El Gobierno ha aprobado una nueva regulación de la denominada «jubilación flexible», una medida que permite compatibilizar la percepción de una parte de la pensión con la realización de una actividad laboral. A diferencia de la jubilación activa, esta modalidad permite volver a trabajar después de jubilarse. La principal novedad es que esta modalidad se amplía también a las personas trabajadoras autónomas, que hasta ahora no podían acogerse a ella en las mismas condiciones que quienes trabajaban por cuenta ajena. Además, se eliminan algunas restricciones temporales y se introducen nuevos incentivos económicos para quienes decidan volver al mercado laboral una vez jubilados.
Desde la CNT consideramos que esta reforma vuelve a situar el debate en un lugar equivocado: el problema no es que las personas jubiladas trabajen poco, el problema es que millones de personas trabajadoras llegan a la edad de jubilación después de décadas de explotación laboral, con problemas de salud acumulados, pensiones insuficientes y una creciente dificultad para disfrutar de un retiro digno.
Trabajar hasta el final de la vida no puede ser un objetivo social
El discurso oficial presenta esta medida como una forma de fomentar el llamado «envejecimiento activo». Sin embargo, la realidad es que muchas personas continúan trabajando después de jubilarse porque no llegan a fin de mes con la pensión que perciben. Con estas reformas, existe el riesgo de normalizar que las personas mayores deban seguir trabajando para tener una vida digna.
”La jubilación no es un privilegio ni una concesión administrativa, es un derecho conquistado por generaciones de trabajadores y trabajadoras
Tras una vida dedicada a producir riqueza, toda persona debería poder disfrutar de una etapa de descanso garantizada, sin presiones económicas ni laborales.
Por ello, desde CNT defendemos justamente lo contrario de lo que plantean estas reformas: una reducción significativa de la edad ordinaria de jubilación y la ampliación de los supuestos de jubilación anticipada sin penalizaciones.
Más años trabajando significa menos oportunidades para la juventud
Además, hay que tener en cuenta que cada puesto de trabajo ocupado por una persona que ya ha alcanzado la edad de jubilación es una oportunidad menos para quienes intentan incorporarse al mercado laboral.
La prolongación de la vida laboral contribuye a retrasar el relevo generacional en las empresas y dificulta la incorporación de nuevas personas trabajadoras. Frente a ello, la CNT defiende el reparto del trabajo disponible mediante la reducción de la jornada laboral y el adelanto de la edad de jubilación.
La riqueza producida por la clase trabajadora es hoy mucho mayor que hace décadas gracias al aumento de la productividad y al desarrollo tecnológico. Sin embargo, los beneficios de esos avances se destinan a incrementar los márgenes empresariales mientras se exige a la población trabajar durante más años.
Los autónomos siguen siendo trabajadores de segunda
La reforma incorpora a las personas autónomas a esta modalidad de jubilación flexible, permitiéndoles compatibilizar parcialmente trabajo y pensión en determinadas circunstancias.
Sin embargo, esta novedad no resuelve los problemas estructurales que afectan a este colectivo. Los trabajadores y trabajadoras autónomas continúan sufriendo una protección social inferior, mayores dificultades para acceder a prestaciones y, en muchos casos, pensiones notablemente más bajas que las de quienes han trabajado por cuenta ajena. La incorporación formal a la jubilación flexible no supone una equiparación real de derechos.
Desde la CNT defendemos que todas las personas trabajadoras, independientemente de la forma jurídica bajo la que desarrollen su actividad, deben disfrutar de los mismos derechos sociales, laborales y de protección pública.
Mientras el Gobierno centra sus esfuerzos en incentivar que las personas jubiladas continúen trabajando, el verdadero debate debería girar en torno a cómo garantizar pensiones suficientes para toda la población.
La solución no pasa por prolongar indefinidamente la vida laboral. Pasa por reforzar el sistema público de pensiones, asegurar ingresos suficientes para quienes ya han trabajado toda una vida y distribuir de forma más justa la riqueza generada colectivamente.
Frente a quienes pretenden acostumbrarnos a trabajar hasta edades cada vez más avanzadas, la respuesta debe ser clara: queremos trabajar menos, vivir mejor y disfrutar de una jubilación digna.
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