CNT en el Primer Encuentro Anarquista del Mediterráneo

CNT asiste al Primer Encuentro Anarquista del Mediterráneo celebrado en Túnez los días 27, 28 y 29 de Marzo para compartir experiencias y praxis con organizaciones del Magreb y de Europa. Coincidiendo en el tiempo con el Foro Social Mundial (FSM) también en la misma ciudad, los organizadores del encuentro anarquista pretendían aprovechar el clima político permisivo enmarcado en el evento oficial y garantizar la seguridad de los asistentes, además de tratar de visualizar, desde la modestia, otra perspectiva social y transformadora al margen de la línea oficialista de la FSM. En un ambiente de turbulencias políticas que pide a gritos un cambio social, donde las paredes hablan de libertad e incluso se pueden ver “A” circuladas y mensajes políticos por doquier trascurrieron varios actos de calado político. Por un lado estaba el FSM, que encarna el posibilismo del capitalismo blando que vislumbra el interclasismo en un marco de relaciones supeditadas a la representatividad parlamentaria-laboral e institucional. En la otra vertiente tuvo lugar durante tres días y de forma alternativa nuestro modesto encuentro que consiguió aunar unos cincuenta asistentes pertenecientes a organizaciones del entorno libertario de Francia, Italia, España, Kurdistán, Bielorrusia, Argelia, y Túnez entre otros. El objetivo era fundamentalmente compartir experiencias internacionales para encontrar puntos de vista comunes que pongan la primera piedra de un posible intercambio de trabajo e impulsar de alguna forma los colectivos tunecinos en un momento crucial para el florecimiento del anarquismo.

Hay que considerar que las elecciones legislativas celebradas en 2014 han cercenado las expectativas revolucionarias y sociales acaecidas en los tiempos de la revolución del 2011. El derrocamiento de Ben Ali y la puesta en escena de otros agentes políticos que frenéticamente han pugnado por ostentar cotas de poder, han servido para instaurar una balsa de aceite política que ha desvirtuado el significado de las luchas sociales. Indistintamente tanto la izquierda como la derecha han cerrado filas en un férreo modelo de Estado.

Los tunecinos asisten a un momento de regresión de las libertades y los derechos humanos, maquillados en una democracia inconsistente. Los militares en las calles y el Estado policial dan cuenta de un entorno político frágil apunto de eclosionar de nuevo. No se ha olvidado del todo las revueltas que tuvieron un trasfondo connatural y horizontal en muchos de los aspectos. Los grupos anarquistas que poco a poco se definen y desmarcan de otras corrientes políticas no emancipadoras, tratan de hallar su espacio social y desarrollar praxis de autoorganización.

Los tiempos de colonización económica son otros. El establishment y la Troika propician los tratados económicos desde una perspectiva de estabilidad de un norte de África geoestratégico donde la terciarización sectorial y el asentamiento transnacional es la punta de lanza para la región. El neoliberalismo apuesta por las vías democráticas que a la larga son más rentables, aunque no sin un halo despótico que trastoca el contrato social al pulso de los emporios económicos. Es pronto para poder constatar el sindicalismo revolucionario, aunque las condiciones socioeconómicas auguran un posible escenario donde cabría considerar un sindicalismo sui generis en un marco legislativo de relaciones laborales restrictivas. Por consiguiente, la atomización de la clase trabajadora y una sociedad en construcción abocadas a la precariedad laboral, adolecen de instrumentos de lucha no solo para la emancipación social, sino para garantizar las coberturas públicas mínimas y hacer frente al desempleo masivo. Sin duda existe una necesidad de desarrollar el anarcosindicalismo u otras modalidades de organización colectivista que recuperen el espacio abandonado por el Estado y por partidos políticos que no tienen capacidad de organizar la sociedad. En general el entorno anarquista tendrá que debatirse en un terreno farragoso de libertades donde las legislación antiterrorista trasgrede más si cabe los derechos humanos y de asociación. El reciente atentado terrorista en el museo del Bardo o el desarrollo militar de ISIS en la zona fronteriza con Argelia, no hace más que enrocar las políticas hacia una dictadura encubierta. Cualquier manifestación de la sociedad es susceptible de ser considerada terrorista y se vive la opresión. Al final el único beneficiado de estos sucesos es la efervescencia estatal y la instauración de una seguridad policial desenfrenada. En la manifestación del 29 de marzo en repulsa a los atentados terroristas, capitaneada por grandes mandatarios internacionales, incluido el ministro de exteriores español, tenía una carga emocional que conducía la sociedad a los valores patrios con el único lema de la bandera nacional.

Son tiempos interesantes para apuntalar el anarquismo y ser partícipes con nuestros compañeros del Magreb en este empeño, pero también son tiempos difíciles para las organizaciones libres y sociales. Terminar con unas palabras de agradecimiento a las secciones de la IFA (Internacional de Federaciones Anarquistas) que han sido parte de la organización del evento con los compañeros tunecinos y han hecho un acto abierto en el que hemos podido participar. Dentro de las limitaciones del formato y del tiempo dimos a conocer algunos aspectos de CNT y leer las salutaciones de nuestra internacional AIT (Asociación Internacional de los Trabajadores). Especialmente reconocer la labor de la Commun Libertaire tunecina que ha hecho que esto sea posible, y a las FFE, Asociación Victoria Para Mujer Rural, etc., que han dado a conocer unas experiencias de lucha necesarias para entender la realidad tunecina.

Secretaría de Relaciones Exteriores e Internacional de CNT-AIT

Fotos: Carlos Martín

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